“Mi opción por la lucha no tiene límites, ni espacio: sólo nosotros que llevamos nuestra causa en el corazón estamos dispuestos a correr todos los riesgos.”
¿Desde hace cuándo intentan eliminar el valor histórico de las marchas como estrategia de lucha? ¿Desde hace cuándo se criminaliza la acción directa y se legitima la acción represiva del Estado? ¿Desde hace cuándo se cree ciegamente en los medios de comunicación y se menosprecia la voz de quienes luchan?
Los días 26 y 27 de abril en las instalaciones de CAMPO, en la ciudad de Oaxaca, se llevó a cabo la pre-audiencia nacional sobre la siembra del maíz transgénico del Tribunal Permanente de los Pueblos Capitulo México TPP en la que se presentaron testimonios y pruebas de las consecuencias desastrosas que traerá la aprobación por parte del gobierno federal de la siembra sin restricciones del maíz transgénico en Sinaloa y Tamaulipas como se tiene planeado.
El recuento hemerográfico de las organizaciones civiles señalan que a la fecha 198 mujeres han sido asesinadas y otras 57 desaparecieron en lo que va de la actual administración pública que encabeza Gabino Cué Monteagudo.
Esa cifra que parece no detenerse y que aumenta con el paso de los meses, tiene a buena parte de la sociedad bajo el temor, pero más que eso hay indignación frente a los hechos porque reflejan que la violencia no se puede desmontar desde las palabras y los discursos sin acciones concretas, sin hechos que contrarresten el machismo y la misoginia que sigue permeando no sólo la actuación cotidiana de los hombres sino también de las instituciones.
Fue un hallazgo casual de un campesino el que permitió encontrar el cuerpo de quien en vida se llamó Elizabeth Martínez Cruz, de 16 años, asesinada y arrojada en un paraje de San Lorenzo Albarradas. Una semana después…
Esta no es la primera vez que ocurre en Oaxaca, desde hace años ha sido una lamentable constante. Una pena que las autoridades de la Procuraduría General de Justicia del Estado, bajo el mando de Jesús López López no puedan dar respuestas inmediatas en estos casos.
1. Desde los años setenta comencé a enterarme de la existencia de una economía informal (también le decían subterránea o emergente) que iba desarrollándose en el mundo capitalista. Sólo había una explicación: la necesidad de la gente, de las familias, de comer, de tener un ingreso ante el brutal incremento del desempleo. El apoyo (no limosnero) a todos los necesitados siempre lo consideré una obligación. Por ello jamás condenaré a aquellos que roban o asaltan por necesidad de comer o vivir; aunque siempre combatiré con todas mis fuerzas a los explotares, a los políticos desfalcadores del erario y a todos los negociantes de “cuello blanco”, sean banqueros, industriales y grandes comerciantes. La economía informal ha superados en número de trabajadores a quienes poseen trabajo y salarios fijos; hasta allí nos ha llevado el funesto capitalismo.