
En 1979, Graciela Iturbide llegó a Oaxaca por invitación directa de Francisco Toledo. Juchitán se convirtió en un punto clave para la obra de la artista mexicana nacida en la Ciudad de México, en 1942. La vida de las mujeres, su orgullo de la tradición zapoteca, y la función vital que tienen en la vida social y económica de la zona, cautivaron la lente de la fotógrafa.
El proyecto, que llevó más o menos diez años de realización, se consagró en un fotolibro llamado Juchitán de las Mujeres. Elena Poniatowska escribió el ensayo que aparece en el libro y que lleva por título "El hombre del pito dulce"
Juchitán de Zaragoza está situado al sureste del estado de Oaxaca, a 400 km de la capital. Se habla zapoteco con más orgullo que con que se habla español. En la obra de Graciela, se exhalta el poder de la mujer en una sociedad que rompe con los viejos clichés de la estampa mexicana. La homosexualidad es tolerada, respetada, querida, el hombre apegado a la madre se queda con ella, la procura… En este lugar son los hombres quienes mueren de amor, la mujer es entrona, comerciante respetada, grande, hermosa, y se dan al hombre que quieren, como quieren, con pito dulce o salado, sin restricciones, sin prejuicios. Un ejemplo de mujer libre. Y la fotógrafa lo sabe, lo vive, lo expresa.
Graciela Iturbide tiene un curriculum vasto e impresionante. Comenzó como asistente de Manuel Álvarez Bravo y gracias a su trabajo con las mujeres juchitecas obtuvo el premio Eugene W. Smith, en 1987. Tiene otros más premios en su haber, destacando por supuesto el Hasselblad de 2008, la más grande distinción que pueda tener un fotógrafo.
Actualmente está presentando su trabajo en España, más de cuatro décadas en 180 imágenes conforman una exposición en la Casa Solleric de Palma de Mallorca.
En Jaltipan nacen flores, en Coatzacoalcos hay primores, en Tehuantepec hay bonitas, ¡ay, Petrona! pero en Juchitán son mejores [El hombre de pito dulce]







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