|
Y es verdad lo que dicen. Porque es una cosa leve, alada y sagrada el poeta, y no está en condiciones de poetizar antes de que esté endiosado, demente, y no habite ya más en él la inteligencia. Mientras posea este don, le es imposible al hombre poetizar y profetizar. Platón, Diálogos, “Ion”.
Vamos a leer un poco de poesía hecha en Tehuantepec. No para juzgar su eventual belleza o su falta de ella, sino para desentrañar algo menos problemático: sus contenidos extra-poéticos, como, por ejemplo, su contenido crítico, es decir, trataremos de desvelar la negatividad poética (no se entienda ‘negatividad’ en sentido de ‘demérito’ de algo, sino como la forma de hacer patente lo que no se ve o no se muestra de una cosa) de lo que se escribe en nuestro pueblo. Intentaremos darle estatura filosófica a la poesía, no decidir sobre su calidad estética.
Vamos por partes. No definiremos a la poesía conceptualmente, sino trataremos de entenderla ontológicamente. Frederick Hölderling, alemán, poetizó sobre la poesía. El filósofo, también germano, Martin Heidegger, lo analiza a Hölderling a profundidad en algunos libros, artículos y conferencias. Uno de ellos es su libro Arte y poesía, en el cual, en la segunda parte, se publica su conferencia “Hölderling y la esencia de la poesía”. Ahí, Heidegger expone su decisión de extraer la esencia de la poesía a través del análisis de un solo poeta. Lo dice de la siguiente forma:
Hölderling no se ha escogido porque su obra, como una entre otras, realice la esencia general de la poesía, sino únicamente porque está cargada con la determinación poética de poetizar la propia esencia de la poesía. Hölderling es para nosotros en sentido extraordinario el poeta del poeta. Por eso está en el punto decisivo.1
Tratemos de aclarar este punto, ya que Heidegger es un tanto cuanto oscuro a la hora de exponer su pensamiento. En esta pequeña trascripción que hemos hecho, el filósofo nos da a entender que Hölderling es un metapoeta, es decir, que su poesía no habla del amor y el desamor, de la muerte, del cielo, la luna y las estrellas, sino que su poesía habla de la poesía misma. Hölderling no dice: “los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben…”.2 En este fragmento de “Los amorosos”, Jaime Sabines se está refiriendo a ellos, a los enamorados, está haciendo una poesía sobre el amor. Hölderling dice:
Es derecho de nosotros, los poetas, estar en pie ante las tormentas de Dios, con la cabeza desnuda, para apresar con nuestras propias manos el rayo [de la luz del Padre, a él mismo. Y hace llegar al pueblo en cantos el don celeste.3
Nuestro poeta eleva a rango casi místico el papel del poeta. No se está refiriendo a Dios o al amor, etc., en particular, sino al papel del poeta y la poesía como un lenguaje divino que el poeta puede traducir para que sea accesible “al pueblo”. Está analizando en una poesía, al hacedor y su producto. La experiencia mística (que según L. Wittgenstein no tiene lenguaje, es decir, lo místico no se puede expresar, sólo se puede mostrar; lo dice así: “Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico.”4) el poeta sí lo puede hacer, lo puede traducir al lenguaje poético, al lenguaje humano.
Es una forma de entender la misión poética, pero no lo es todo. Hölderling habla del poeta como portavoz de la palabra divina, de la voz de Dios. Para este gran lírico alemán, el poeta es el traductor de la palabra de Dios para que el pueblo pueda entenderla.
Pero el poeta también juega un papel como recopilador de la voz popular. El filósofo danés Søren Kierkegaard lo ve de esa forma, ascendente, es decir, pueblo->poeta->Dios (y no al revés, como Hölderling). Esto es, le da un papel un tanto más humanizado, un tanto menos celestial al poeta, y lo pasa a un segundo plano. Dice Kierkegaard, en el “Elogio de Abraham”:
El poeta es el genio del recuerdo; no puede nada sino recordar; nada sino admirar lo que fue cumplido; no saca nada de su propio fondo; pero del depósito entregado a su custodia es guardián celoso. Sigue lo que su corazón ha elegido; hallado el objeto de su búsqueda, va de puerta en puerta a recitar sus cantos y sus discursos con el fin de que todos participen de su admiración por el héroe así como de su orgullo.5
Kierkegaard le da un título más humano al poeta, como un cantor que entona y cuenta las gestas humanas, heroicas, que va recogiendo y que se le han encargado como custodio de esos recuerdos. Y además, como difusor de ese mensaje: lo difunde y da a conocer en forma bella al mismo pueblo y, por qué no, también a Dios.
Hay asuntos que atender, como la cuestión del papel social que desempeñan los poetas. Sobre esto se ha discutido mucho, pero creo poder dar mi opinión sobre el particular. Ellos muchas veces piden ser tratados como poetas, como dice Jaime Sabines: a los petas debería salirles un rayo de la frente que indique que esa persona es un poeta; no quisieran pasar desapercibidos. Quieren ser reconocidos y tratados como lo que son. Es decir, ellos son algo que los otros no son, y desean recalcar esa diferencia. Concedámoselos, son poetas y habrá que distinguirlos de los demás mortales. Pero cuando se les pide dar su opinión acerca de la cuestión social del medio en el que se desenvuelven, entonces requieren ser tratados como uno más de la sociedad. Ellos dicen: somos como el panadero, como el mecánico, como el obrero, como el campesino. “Somos uno más”, dicen ellos.
Los poetas son también generadores de conocimiento, de opinión, de sentimientos. ¿Por qué entonces ese conservadurismo rampante? ¿Por qué esa posición tan comodina, tan descomprometida?
Pero cumplamos con lo prometido. Veamos a Tehuantepec con sus letras.
Hace unos meses asistí a un encuentro de poetas jóvenes del Istmo de Tehuantepec en Guizii, Lulá, y confirmé mi pensamiento: se está gestando una generación de poetas conservadores y alejados del mundo real. Que ponen al servicio de la nada su incierta inspiración poética. Hablan a la nada, y nada transmiten.
El amor es un motor poético, pero no forzosamente el único. Ni siquiera paisajes literarios son en mi opinión, los temas centrales de la poesía. Mario Benedetti, acerca de su “reprochable” parcialidad (hacia las causas sociales) que le atacan los críticos “neutrales”, la defiende diciendo que no puede ser neutral ante hechos como Tlatelolco, La Moneda, Girón, etc., y les dice: soy un caso perdido.
Hasta con las palabras más dulces (mariposas y nubes y duendes y pescaditos) se puede retratar nuestra brutal situación social. Con esto tampoco quiero decir que debe haber solamente poetas combativos, socialistas, que sientan que su sangre es roja y que su corazón late a la izquierda, pero lo que sí digo explícitamente es que no retraten lo que otros ya han plasmado en el pasado de la misma forma, siendo malas copias. Hay que hacer público lo que nadie ha expresado de la forma en la que uno mismo lo ha concebido (es decir, si tocamos temas comunes de la poesía como el amor, el desamor, la muerte, etc., habrá que hacerlo de forma innovadora), si no, lo mejor sería callar.
Luego, los mayores dicen que los jóvenes son belicosos porque son jóvenes, pero que ya el calendario hará su trabajo para domar a los hoy revolucionarios. Puede ser que sí, puede ser que no, pero lo peor es que siendo jóvenes, muchos ni siquiera son combativos, rebeldes, con un alma revolucionaria ¿qué será de ellos cuando sean viejos?, ¿se harán más conservadores o recorrerán un camino al revés, y de mayores serán lo que no fueron de jóvenes?
Es cierto que todos tenemos una opinión de lo que es lo bello, pero a veces siento que en nuestro pueblo se “hacen” poetas por vanidad únicamente, y caen en lugares comunes del lenguaje que pretende ser poético y que sólo esboza un débil idioma indigesto.
Los poetas pueden contar esas gestas heroicas, de un héroe o de un pueblo memorable. El poeta puede alabar y mostrar la belleza de la vida de un pueblo, lo positivo del amor (pero hay quien muestra lo negativo del amor, es decir, el desamor). Pero hay veces que los poetas se cansan de mostrar lo bello, al cielo azul, al viento que mueve los cabellos de la amada, al pueblo que logró conquistar su libertad. Y se decide a contar, no con menos belleza, esas cosas que los poetas a-críticos no hacen.
Pero ¿está dotado de hermosura lo no-bello? Esa pregunta parece un contrasentido, una necedad, pero no lo es al final. Lo negativo también se puede expresar de forma bella. Para demostrarlo tomaré un ejemplo que he encontrado en Tehuantepec.
Un solo poeta nos proporciona las dos vertientes que estoy comentando en estas notas. No quiero decir con esto que dicho poeta sea el único o el mejor poeta tehuano. Su calidad estética puede estar en tela de juicio, pero lo que quiero distinguir de su trabajo es la forma en que entiende él su quehacer a través de su arte. Veamos primeramente un fragmento de un poema estándar, es decir, lo que se acostumbra decir de Tehuantepec y sus mujeres identitarias:
Tehuana encantadora de labios color de fresa huipil y enagua bordados cual dignos de tu grandeza, tus listones de colores y flores en la cabeza y tu andar con zapatillas ¡Qué cadencia, qué belleza!6
Nada hay de extraordinario en este fragmento del poema “Tehuana hermosa”. Con un lenguaje rimado únicamente, que refleja lo que la mayoría de los poetas que han escrito sobre Tehuantepec ha hecho. Sólo se hace, pues, una descripción positiva de la tehuana.
Pero en el mismo libro se contienen sobre todo poemas críticos, que retratan eso que nadie dice, que es molesto a veces, que duele siempre, pero que incluso se ha de decir con verdad y belleza. Quiero sobre todo en esta parte resaltar un fragmento del poema La Sandunga pobre, de Jesús Ramírez. Creo que retrata esa poesía crítica que también se requiere:7
Ella es la Sandunga pobre, la que no es afamada, no tiene centenarios de oro ni ahogadores ni arracadas, no tiene trajes bordados ni es la mujer alhajada, ella es la mujer que sufre y trabaja de madrugada.
Mujeres de campesinos, de obreros y artesanos […]
Ella es la Sandunga pobre, esposa de los olvidados […].8
Esta poesía nos muestra lo que otros poetas no nos han mostrado (no por falta de capacidad o de valor). Nos señala la vida de las que han sustentado a través del tiempo y de la historia la verdadera historia del concepto que se ha construido de la mujer tehuana. A la mujer tehuana únicamente se le conoce como “jardín en movimiento”, como “fragancia tropical”, como “la soberana del día”, etc. Es decir, sólo se le ha retratado en toda su positividad, en sus bellezas, se la retrata bien ataviada y alhajada de tehuana. Pero La Sandunga pobre la pinta en toda su cotidianeidad, en toda su pobreza, en toda su negatividad (repito, no se malentienda el término ‘negatividad’), no la retrata en una vela, la plasma trabajando a diario, sufriendo las pobrezas de un lugar que no escapa a la realidad nacional.
No está describiendo poéticamente a Juana C. Romero, a Frida Kalho (aunque ella no era tehuana de nacimiento, sí la consideramos una tehuana universal), a las “mujeres de políticos”. Este poeta tehuano está poetizando a la mujer que vende en el mercado, que pasa en medio de la madrugada al molino, a la que nunca verán los antropólogos ni cineastas. Ellas son las que han construido a la tehuana, y es a ellas a las que se ignora en cualquier campo del arte y las humanidades.
Con estas pequeñas reflexiones no quiero decir que sólo se debe hacer poesía crítica, o poesía comprometida socialmente, también es válido hacer poemas que retraten de forma bella lo bello, pero también se debe decir lo que los poderosos no quieren que se diga. Y se demuestra que se puede decir de forma bella. No veamos sólo lo que la vista nos muestra. Hay que ver más allá. Nos hará muy bien.
1 Martin Heidegger, “Hölderling y la esencia de la poesía”, en Arte y poesía, prólogo y traducción de Samuel Ramos, D. F., México, FCE, 2006, pp. 95-96. 2 Fragmento del poema en prosa “Los amorosos”, de Jaime Sabines. 3 Martin Heidegger, Ídem. 4 Ludwig Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus, versión e introducción de Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera, Madrid, España, Alianza, 2007, p. 131. (6.522) 5 Søren Kierkegaard, Temor y temblor, Buenos Aires, Argentina, La página/Losada, 2004, p.17. 6 Jesús Ramírez Hernández, “La Sandunga pobre”, en Poesía inmediata, prólogo de Abraham A. Rasgado González, D. F., México, s/e., 2007, p. 33. 7 En el libro Poesía inmediata, se pueden leer más de estos poemas, como Me llamo Tehuantepec, Tehuantepec olvidado, Ruinas de Guiengola, Río contaminado, Conversación de roca y jaguar, etc. 8 Ibíd., “Tehuana hermosa”, pp. 53-54
|