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Cuando pase de nuevo por aquí encontraré
El laberinto mágico de urdimbres
Sembrado de cadáveres vacíos:
Los restos insepultos de las moscas
Que la araña atrapó en el simulacro. José Emilio Pacheco, El simulacro El posible triunfo de un candidato que se dice de izquierda en el año 2006, y que sólo pudo ser impedido mediante un escandaloso fraude electoral fue, según los dueños de México, una distracción histórica, un episodio que debe ser olvidado. La verdad legal se impuso a la verdad histórica en este corto plazo (y notemos que en este caso no coinciden la historia y los procedimientos legales). Hoy las cosas, nos dicen, han vuelto a la normalidad. PRI y PAN se disputan el poder, el control de la Cámara de Diputados y de la mayor parte de los puestos de elección popular que están en juego para este próximo 5 de julio. Todos debemos volver a las telenovelas, a ser el pueblo sumiso que éramos antes de que conquistáramos nuestra democracia, cuando Fox nos hizo el favor de saquear, por descuido, un poco a nuestro país.
Al candidato despojado en 2006, Andrés Manuel López Obrador, lo intentaron desaparecer de las pantallas, y con ello, decir: si no sale en la televisión, es que ya no existe. Y así, en estos tres años, la televisión se dedicó a programar la amnesia general y a convencer a los que habían votado por AMLO de que había sido, de nuevo, un error su voto para este señor que dijo desafiar a las instituciones. Creo que no lo lograron acabar. AMLO sigue vivo y goza de cabal salud, eso sí, adentro de las instituciones que mandó al diablo, dineros incluidos. No podemos decir lo mismo del PRD, que sucumbió y se descaró como el priísta que jamás dejó de ser: los Chuchos acabaron con ese partido, porque ahora los amarillos están de acuerdo con ser un partido que testimonie cómo los tricolores y los azules combatan, solos los dos, por el plato fuerte. El PRD se conformará con recoger las migajas.
El Instituto Federal Electoral es un monstruo presupuestal que en nada vale lo que gasta. Según una nota publicada por el diario La Jornada el lunes 15 de junio en su sección Política, desde la creación de este organismo “autónomo”, el abstencionismo ha venido creciendo “exponencialmente”: “Si en 1991 se alcanzó 34 por ciento de electores que no votaron, para 1997 ese porcentaje se elevó a 42 por ciento y en 2003, bajo el foxismo, se llegó a la cifra histórica de 58 por ciento.” Por supuesto, argumentarán que no hay necesariamente un nexo causal entre la creación del IFE y el incremento del abstencionismo. Todos han participado en el desprestigio del intento de democracia que tenemos en México: los partidos, los políticos, los medios de comunicación, los poderes fácticos, el IFE.
El Instituto Federal Electoral únicamente observa. No actúa. Y si lo hace, es sólo para asentir lo que el PRI y el PAN han decidido. Y no dudo que haya personas honestas dentro de ese instituto, pero son sólo testimonios aislados en ese mar de inmoralidades legalizadas: son como una gota de agua echada al mar para ver si cambia su sabor. El IFE es sólo parte de un Estado en ruinas, es su expresión más fiel: la descomposición que alcanza a los que creían vivir en el castillo de la pureza.
No han podido y no podrán detener esta tendencia abstencionista y anulatoria que está en marcha desde hace tiempo (es decir, desde hace varios años). Ni los partidos ni el gobierno ni el IFE ni nadie. Y no la detendrán porque esas instituciones estatales no están dispuestas a atender los clamores de justicia social, porque hacerlo significa que ellos se deben ir para nunca más volver. Están dispuestos a seguir practicando el autismo político. El IFE creyéndose la última palabra en temas de democracia, cuando todos hemos visto el terrible deterioro de ese instituto, con sus decisiones antidemocráticas y tramposas; los partidos porque para nada les conviene perder sus franquicias que les generan espléndidas ganancias económicas a los que han aprendido a explotar ese buen negocio en el que se ha convertido la política; el gobierno, porque, haiga sido como haiga sido, ya están saqueando a nuestro país y su-trabajo-les-costó-como-para-que-una-bola-de-reboltosos-les-quiten-sus-escuálidos-salarios-y-sus-para-nada-onerosos-negocios-que-hacen-por-el-bien-de-todos-los-mexicanos.
Pero ya anunciaron los políticos, a través de interpósitas personas (como dicen exquisitamente los abogados), que el voto nulo, aun alcance el 99%, no será atendido, no se tomarán el tiempo de analizar el mensaje que la sociedad les dio; dicen que es mejor que nos pongamos a discutir temas que sí valen la pena: como reelegirlos, esos sí son buenos temas, cómo alargarles más esa amargura que experimentan al llevar a cabo su sufrido papel de servidores públicos. Sufren tanto al cobrar sus salarios. Y cuando les preguntan por qué habría que considerar la reelección, responden que es para premiar o castigar a los legisladores o funcionarios que hayan sido elegidos a través del voto, de acuerdo al trabajo que hayan desempeñado. ¿Y por qué mejor no considerar la revocación de mandato? Eso sería mejor, más viable en nuestras circunstancias, sería mejor opción que una reelección, la cual todos sabemos estaría trampeada para que, a través de fraudes electorales, se reelijan los mismos de siempre. Si tanto hablan de democracia, ¿por qué no someterse a este instrumento democrático? Hasta al que le endilgan ser el más tirano de los tiranos, Hugo Chávez, lo ha hecho, y con ello, ha dado una clase de democracia a muchos países que se dicen “democráticos”. Que yo sepa, ni un gobierno de izquierdas o derechas o europeo o de ninguna latitud lo ha hecho, y menos saldría bien librado de ese referéndum.
Los de arriba y los de abajo
Sigan hablando de democracia como si de verdad existiera en nuestro país. Sigan creyendo que nos engañan. Sigan construyendo un mundo aparte de la realidad. Síganse peleando como si de verdad creyéramos que esos pleitos son verdaderos y que están disputándose dos proyectos de nación.
Allá arriba sólo nos tiran sus desperdicios, cuando bien nos va, porque los de allá arriba nos tiran balas. Allá arriba miran para más arriba, quieren seguir escalando, pisando a los de abajo. Allá arriba sólo nos prometen más miseria, más dolor, más represión. Los de allá arriba, ya ni siquiera la palabra cultivan. Ahora sólo cultivan la mentira, la soberbia y el desprecio hacia los pobres. Ahora, los de allá arriba, ya no combaten la pobreza, ahora exterminan a los desheredados (ha de ser más barato). Allá arriba nos dicen que ya ni modos, vota por mí porque soy el menos peor, soy el que menos te hará sufrir. Allá arriba nos ofrecen la corrupción y la muerte como programa de gobierno. Allá arriba nos ofrecen seguir igual, y no esperar cambios, eso es subversivo. ¿A quién se le ocurre cambiar cuando la está gozando de lo lindo? Los de arriba, creen que no pensamos y que estamos conformes con sus mentiras.
Pero…
Abajo otra realidad se está gestando. Abajo somos un dolor que ya no quiere doler más. Abajo queremos ser un dolor para los de arriba. Abajo miramos para abajo para construir nuestro fututo, y si miramos para arriba es para gritarles todo nuestro desprecio y toda nuestra digna rabia. Abajo estamos quienes no votamos, quienes ni siquiera nos tomamos el tiempo de pensar en quién votar, porque sabemos que todos son iguales, que sólo pintarán el palacio municipal o el congreso o lo que sea de tricolor o de amarillo o de azul o de naranja, pero todo lo demás seguirá siendo negro como el futuro que allá arriba nos prometen. Aquí abajo ya no los queremos. Aquí abajo, en donde estamos la mayoría, ya no los queremos y ya no les creemos. Abajo ya somos más. Y nos estamos organizando. Abajo estamos soñando otro mundo. Abajo no queremos sus elecciones. Porque, abajo, nuestros sueños no caben en sus urnas…
Tehauntepec, Oaxaca, 24 de junio, en la noche de San Juan…
P.D.: Cuando un gobierno que parecía sería empleado de la trasnacional de la muerte dice no a la sumisión y dice sí a la dignidad nacional, en ese momento de “gobierno democrático” se convierte en una “dictadura inaceptable”. Eso es lo que ha sucedido en Honduras, en donde, como siempre, han derrocado a un gobierno que creyeron serviría a los ricos, pero empezó a ponerse un poquito del lado de los pobres, y a EEUU no le gusta eso de que los gobiernos piensen en sus pueblos y no en las empresas norteamericanas. Por supuesto que todo lo revestirán con sus discursos de defensa de la legalidad y de la constitucionalidad y de la democracia y la madre del muerto. Sólo para eso sirve la ley, para legalizar la barbarie de los ricos y poderosos, para humillar a los pobres y enseñarles quién manda. ¿Por qué el Ejército derrocó a Manuel Zelaya? Porque se le ocurrió la criminal idea de consultarle al pueblo una decisión importante y no fue a consultársela únicamente a los ricos. Ésa es la democracia que defienden los EEUU y las mafias nacionales: la democracia que sólo los toma en cuenta a ellos y a sus intereses. Decía en un artículo mi maestro Eduardo Galeano: el imperio no quiere países democráticos, quiere países humillados. Cuando un país intenta la democracia, llega el Ejército a poner las cosas en su lugar, para que no anden los pobres y humillados de siempre soñando con decidir el futuro de sus pueblos. Un golpe de Estado más en América Latina. Por eso estoy encabronado.
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