Después de enterarme de la muerte de Hugo Chávez, el mítico y controvertido presidente de la República Bolivariana de Venezuela, sólo me vino a la mente la crónica que hizo mi amigo Carlos Adampol Galindo en su viaje por Sudamérica, en aquél año el pueblo venezolano estaba enfrascado en las votaciones de un “sí o no” para unas reformas a la constitución promovida por Chávez. La derecha y la izquierda en todo su esplendor utilizaban todos sus recursos y argumentos para manifestarse. En verdad he disfrutado tanto la crónica de Carlos, que aquí va una muestra:
Esta es una historia que viene recorriendo el país con su drama a cuestas. Con el desastre de México y de estas mujeres frágiles, empobrecidas, y con una dignidad y una fortaleza a prueba de olvidos. Traen banderas de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.
La tarde del martes 30 de octubre, la Caravana de madres de migrantes desaparecidos en su paso por México “Liberando la Esperanza”, arribó al albergue “Hermanos en el Camino”, que fundó y dirige el padre Alejandro Solalinde en este pueblo istmeño de San Jerónimo Doctor. La mañana del 31 de octubre, salieron a caminar su búsqueda.
Esta mañana recibí una cajita de madera, bien envuelta, en papel de vivos colores, tan vivos que me reanimaron, me sacaron por un instante de mis múltiples preocupaciones. Lo mejor de la caja, sin duda, era el moño hecho con un listón de seda rojo, rojísimo. ¡Qué emoción! ¡cuánta delicadeza para un regalo!, y pensé en quién me habría mandado ese regalo tan –pienso- educadamente bien envuelto.
¡Y salimos a la calle!, ¡Sí Señor¡ ¡Y salimos las mujeres! ¡Sí señor!; ¡A defender nuestros derechos! ¡Sí señor!, resonaban miles de gargantas por las calles de Oaxaca el 1ª de agosto del 2006. En medio de la gigantesca marcha, a cada paso que daban, miles de mujeres rehicieron sus historias. Hoy plasmamos varias de ellas.
Anoche tomé un avión para ir a Italia. Tenía que llegar a la Toscana a encontrarme con amigos y compañeros para compartir con ellos experiencias de luchas en América Latina. No pude llegar a mi destino porque al gobierno gringo se le ocurrió que yo no tenía derecho a pasar ya no digamos por su territorio, sino tampoco por su “espacio aéreo”... así fuera en una línea aérea supuestamente mexicana -AeroMéxico- que operaba un vuelo de otra línea de otro país distinto -Alitalia-... y sin importar que lo más cerca que iba a estar de “su territorio” fueran 30,000 pies de altitud.