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Dibujar, cualquiera lo hace, pero lograr que cada trazo sea demoledor para l@s espectadores, sólo unos cuantos.
Adentrarse a Brunoferías (http://www.brunoferias.blogspot.com/), es la oportunidad de conocer a una de esas pocas personas que con su trabajo habla, critica, ríe, causa dolor y nostalgia: Bruno Ferreira.
Brunof, como se hace llamar a través de su cartones, es un veracruzano que comenzó a dibujar y pintar profesionalmente en 1987, "inicié con una temática figurativa, en la que la forma humana era mi principal objeto de interés. Era una pintura luminosa y colorida, con cierta tendencia surrealista, y detalles autóctonos que incorporaba en sus cabezas". Actualmente, Brunof hace, mayormente, cartones políticos, aunque las temáticas que aborda son múltiples, desde libertad de expresión, la dominación, hasta los males de la “modernidad” como la rutina, el olvido, y la pasividad. “Mi principal preocupación es la falta de solidaridad entre la especie humana, la falta de interés en el otro. Que prevalezcan de manera exagerada, y abrumadora, los valores de intercambio material, y acumulación de bienes tangibles en lugar, primero, del desarrollo del ser”, expone. Sus trabajos son fruto de su mayor pasión, dibujar, la cual lo hace transitar entre “la melancolía, a veces la desesperanza, la desazón, la rabia, la impotencia, el coraje, la rebeldía”, cada vez que fija su mente y manos en un papel o computadora.
Por ello, quien mire una de sus imágenes, quedará fuertemente emocionado-a, sentirá empatía, enojo, desacuerdo y quizá hasta se podrá sentir ofendido-a, pero nunca se irá sin sentir algo.
En el 2007, Brunof ganó el Premio Nacional de Periodismo, gracias a su cartón “Propiedad Privada”, el cual plasma una critica a la postura que la Iglesia Católica expresó por la promulgación de la Ley que aceptaba el aborto en el Distrito Federal. “Defendían sus argumentos con absurdos alegatos teológicos, de aquellos que ya conocemos, y que muchos complejos de culpa han generado en la mentalidad del pueblo para maniatarlo. Me molestó mucho el que consideraran a la mujer como no apta para decidir sobre su cuerpo”, opina. Sus imágenes siempre generan algo, a veces premios y en el peor y cotidiano de los casos: censura. “Una vez conocí a una mujer que trabajaba para Gobernación como "oreja", hasta ella me recomendó bajarle de tono a mis críticas”. Aun así Brunof prefiere atreverse, “quienes ejercemos este oficio, intentamos con todo el acopio de creatividad, y mañas, burlar la censura. Es mejor hacer las cosas sin autorreprimirse, y luego dar con el muro de negación que se aplica en la mayoría de los medios”.
Imagine -le digo- que hubo una transformación en los medios de información, la que usted siempre soñó ¿cómo serían ahora los medios?
Serían veraces, no deformarían la información de los eventos reales. Darían voz a todos los segmentos de la sociedad en general, sin condicionamientos, ni preferencias. Generarían un nuevo concepto de empresa, con nuevos esquemas de desarrollo económico, creativo, para no depender del poderío del nefasto capitalismo financiero, responde. Y para contrastar su utópico sueño, me parece importante preguntar ¿Por qué su trabajo parece reflejar que la esperanza se esfuma, que ya casi no existe? A lo que contesta, “sí, es algo que me hace sentir abatido en ocasiones. Pero trato de plasmar una luz, un brillo, algo que resplandezca. Para acuñar la idea de que, a pesar de todo, la esperanza debe permanecer, quizá guardada por la negra noche de los tiempos, pero resguardada en nuestras memorias y corazones“.
Y esa esperanza, ¿dónde podrá estar? Pues Brunof expone en uno de sus cartones, a una sociedad aplastada por el “sistema”, descorazonada, abatida.
“Me alienta creer, y pensar, que en otros segmentos sociales se están poniendo en práctica otras formas de encarar la realidad global en la que estamos inmersos, y que gracias a dicha praxis, es posible recobrar el corazón, y levantarse desde mero abajo, como cuando se está a punto de dar un gran salto. Me gusta pensar eso. Y me gustaría pertenecer a otra sociedad con una práctica real de solidaridad“. No obstante, a México todavía le espera largas batallas, algunas muy duras, considera Brunof.
“Y me pregunto, ¿qué me corresponderá hacer? mientras tanto hago todo lo posible por permanecer cuerdo, firme, y no entregar el corazón. Es fundamental dudar, más nunca de nuestras inclinaciones ni convicciones. Eso nunca hay que entregarlo, nos pertenece, y nos permanecerá siempre”. afirma. Prueba de esas batallas que aún no llegan, es la situación política que enfrenta Veracruz, que después de conocerla, uno no puede más que imaginar que se trata de Oaxaca. “Nuestro estado se ha caracterizado, desde hace muchas décadas, por el corporativismo partidista, a manos siempre del PRI. Pero este mismo partido ha tenido que ceder ciertos espacios de influencia con el PAN, quien ha ganado un considerado espacio clientelar.
La izquierda, que es mínima, ha tenido sus desatinos lamentables y deplorables la mayoría de ellos. Ha negociado parcelas de poder temporales, curules casi siempre. Eso le ha permitido sobrevivir gracias a los presupuestos estatales. Dos partidos son los que abanderan la supuesta causa opositora: PRD y PT, pero de ellos no se hace nada. La presencia del ejército mexicano en la Sierra de Zongolica resulta cada vez más aplastante. Innumerable cantidad de abusos extremos, documentados, y la mayoría no, se dan día a día. Movimientos sociales importantes, ninguno en mi opinión. La gran mayoría son encabezados por líderes de dudosa credibilidad. La comunidad intelectual, sumida en su letargo posmoderno. Sin creatividad, ni convicción para crear espacios de reflexión, al menos. Somos, la veracruzana, una sociedad muy contrastante. Con regiones, con características tan distintas que, lo que está pasando ahora en el norte del estado, difícilmente lo podemos saber en el puerto”. Por ahora Brunof, prefiere olvidarse un poco la política, y de los rumores, “que espantan” y apuntan a que será la derecha quien ganará las elecciones estatales del 2010. Esta semana le dedica sus trazos a su gatita Lula, a quien describe como la oportunidad de “tener la noche de manera eterna en casa, con pequeñas estrellas fugaces en su lomo, y un par de soles amarillos en su cabeza”.
Sin duda, los dibujos de Brunof, se traten de política o no, nos tendrán entre el dolor y la esperanza.
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