 Diversos mitos han girado entorno a las sexoservidoras, que si están infectadas de SIDA, que si son agresivas, mujeres de segunda e inmorales. Ellas, a quienes la sociedad excluyente llama “putas”, esconden tras los tacones altos y la ropa ajustada una vida sin maquillaje, sin máscaras.
“Algunas personas creen que estamos aquí porque nos gusta, pero no, es por necesidad” comenta Mary, como quiere que la llamen, mientras espera afuera de un hotel cercano a la Central de Abasto al siguiente hombre. Ella aguarda por un “cliente” o en el peor de los casos a una persona que la insulte, como sucede a menudo. “Nos gritan sidosas o nos escupen”. Pero la gente olvida, o su doble moral no les permite ver que “los hombres son los que hacen que exista esta profesión”.
Además, pocas veces se piensa en la sexoservidora como una mujer “normal”, que después de abandonar las calles y los hoteles llega a casa a atender a sus hijos, pese a que las estadísticas establecen que el 80% de las trabajadoras sexuales son madres.
“Tengo cuatro hijos, que no saben en qué trabajo”, “quisiera que tuvieran una carrera”.
A sus 40 años, quiere despojarse definitivamente de las mini faldas y el brillo labial, trabajar en una cocina o en una casa, pero con esto no lograría obtener los 2 mil pesos semanales que gana como sexoservidora.
Prefiere seguir llamando a los hombres con su sonrisa color rosa, y la frase: ¡vámonos! que los invita a consumar sus deseos incumplidos. “Nos usan para platicar y para realizar posiciones que en su casa no les hacen”, incluso ha conocido a señores que le han propuesto matrimonio, pero ha dicho que no.
Quizá porque el amor lo conoció fuera del trabajo, aunque no se consolidó pues “no se puede hacer vida con un hombre por lo que hago” y agrega “le huyo a la casa, ya me acoplé a este tipo de vida, si tuviera un hombre no podría ir acá o allá, tendría que ser del hogar”.
Motivos para desairar a los hombres sobran, por eso su incondicional Lupe, los rechaza “porque están muy feos”. Opinión unámine que se ve reflejada cuando ambas ríen a carcajadas.
No obstante, Lupe admite tener pareja y estar enamorada. Pero a sus 26 años no está interesada en dejarlo todo, ya que él no mantendría a su madre e hijo, por quienes se inició en la prostitución desde los 19 años.
Aunque sueña salir de ese mundo, comprar una casa y darle una carrera a su hijo. Antes, debe tolerar a “viejitos”, que en su mayoría son quienes la buscan.
También a los aprovechados, como aquel que la dejó amarrada en el hotel para luego robarle o como el judicial que la insultó por creer “tener más derechos” que ella.
Discriminación que tiene que padecer aunque no sepa la definición de la palabra. La cual entiende hasta que Mary le explica su significado.
Mientras, las miradas cínicas seguirán observando sólo a dos prostitutas, olvidando que son mujeres con derecho a decidir, a caminar sin sentirse observadas, a vivir sin máscaras.
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Comentarios
QUE CON SOLO \"HABLAR CON DOS O TRES PUTAS(Y QUIERO ENFATIZARTE QUE EL TERMINO PUTA ES PARTE DE NUESTRA CULTURA Y NO SE REFIERE ESPECIFICAMENTE A UNA MUJER,SINO QUE YA ES PARTE DE NUESTRO LENGUAJE) PUBLICAS Y CREES DESCRIBIR DE UNA MANERA AMARILLISTA BARATA LO QUE ES LA PROSTITUCION!!C ARAJO!ES UN FENOMEMO SOCIAL!Y SEGUIRA!...LA MUJER QUE QUIERE SER PUTA LO SERA,Y LA QUE NO SIMPLEMENTE NO LO HARA..TENEMOS CAPACIDADES E INTELIGENCIA COMO HUMANOS Y TANTO UN HOMBRE COMO UNA MUJER EL HECHO DE ABRIR LAS PATAS NO NOS CUESTA TANTO;MEJOR LLAMESMOLE SER HUEVONES O INCLUSO IGNORANTES,PERO TODO TIENE SOLUCION:LOS HUEVONES DEJAN DE SERLO TRABAJANDO,Y LOS IGNORANTES ESTUDIANDO.
EN POCAS PALABRAS....LAS SEXOSERVIDORAS PUEDEN HACER MAS QUE SOLO ABRIR LAS PATAS Y PARAR LA MANITA POR DINERO.
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